• Yurby Gudiño

Conociendo la integración sensorial en los niños


Durante nuestra formación escolar nos enseñaron que todo ser humano poseía 5 sentidos (vista, gusto, olfato, oído y tacto); sin embargo estudios realizados por la Dra. Jean Ayres en la década de 1950 revela que todo individuo posee 7 sentidos, agregando el sistema vestibular (localizado en el oído interno) y propioceptivo (se encuentra en los músculos y articulaciones); pero antes de explicar cada uno de ellos quisiera compartir la definición de la integración sensorial, que no es más, que un proceso neurológico que organiza la información que detectan los sentidos permitiendo actuar o responder a la situación que experimentamos de un modo significativo.

Los sistemas táctil, vestibular y propioceptivo comienzan a funcionar de forma muy temprana en la vida, incluso antes del nacimiento. Estos sistemas básicos están estrechamente relacionados uno con otro y forman interconexiones con otros sistemas del cerebro mientras el desarrollo continúa.

El sistema vestibular, se produce pocas semanas después de la concepción y juega un rol primordial en el desarrollo temprano de los niños; es, probablemente, uno de los más importantes sentidos de nuestra evolución ancestral. Nuestro sistema vestibular es el sentido del movimiento y la gravedad. Es a través de él que desarrollamos las relaciones con la tierra, las relaciones espaciales y temporales. Una función fundamental de este sistema es permitirnos la coordinación de los movimientos de los ojos y la cabeza. También ayuda en el desarrollo y mantenimiento del tono muscular que permite desarrollar, asumir y mantener las posiciones corporales, y conservar la cabeza y el cuerpo erguido. Por esto muchos niños con problemas vestibulares se acuestan en el pupitre, sostienen la cabeza entre las manos y su cuerpo en general luce desmañado y sin fuerza. Por otra parte, el equilibrio y la habilidad para coordinar ambos lados del cuerpo (necesario para montar bicicleta, patinar o cortar con tijeras) están íntimamente influenciados por este sentido. Finalmente algunos aspectos del lenguaje y del aprendizaje están relacionados con dicho sistema.

Así como nuestros ojos y oídos envían información al cerebro de lo que vemos y escuchamos, el sistema propioceptivo, es decir, los músculos y las articulaciones, siente la posición del cuerpo y envía estos mensajes al cerebro. Dependemos de esta información para conocer, de manera inconsciente, dónde ésta con exactitud cada parte del cuerpo y planear los movimientos. Cuando nuestro sentido propioceptivo trabaja bien, realizamos continuos ajustes automáticos en nuestra posición. Este sentido ayuda a estar sentados en una posición óptima y a sostener, de forma correcta, objetos como él lápiz o el tenedor; juzga como maniobramos en el espacio para que no choquemos con las cosas, a qué distancia estamos de las personas, qué tanta presión hacer para agarrar los colores o los juguetes. Así como la propiocepción nos ayuda en estas funciones básicas, un problema en este sistema puede causar una gran cantidad de dificultades que frecuentemente pasan en el niño que no presta atención a las cosas.

El sistema táctil, al igual que los otros sentidos, juega un papel importante en la integración sensorial, trabaja para darnos información acerca de muchas cosas “sin que las veamos” y nos ayuda a desarrollar destrezas, a sentirnos más confortables y a estar tranquilos en muchas situaciones. En la interacción, el tacto en los niños y aún en los adultos que presentan inmadurez en el desarrollo de este sistema, rechazan el contacto con algunos objetos y personas, incluidas las más cercanas. En ocasión responden bruscamente cuando se les toca por sorpresa o cuando se le palpan algunas partes del cuerpo, especialmente la cara, la cabeza y los brazos. En la escuela estos niños se mantienen alejados de las aglomeraciones, no les gusta hacer fila y si los tocan pueden responder con mal genio e incluso agredir. Por otra parte rechazan algunas prendas de vestir, sobre todo si estas son nuevas y es difícil que acepten algunos alimentos.

A continuación les facilito algunas señales de alarma que pueden ayudar a detectar en su niño probable fallas de procesamiento sensorial:

  • Falta de fluidez en los movimientos

  • Frecuentemente rompe los juguetes y objetos

  • Se tropieza con frecuencia

  • Puede estar en constante movimiento: empujando, saltando, halando, mordiendo

  • Evitan lugares altos

  • Reacciones de miedo a interactuar con una ambiente demandante.

  • Inadecuado manejo de los instrumentos escolares y cubiertos.

  • Falla postural.

  • Fallas Atencional.

  • Dificultades académicas

  • Pobre coordinación oromotora

  • Evita ciertas texturas de ropa y comidas

  • Le desagrada ensuciarse.

  • Se irrita o se rehúsa al ser tocado

  • Se fatiga fácilmente.

Un problema de integración sensorial puede incidir directamente sobre el proceso de aprendizaje o provocar comportamientos inadecuados, repercutiendo en el adecuado desenvolvimiento de las actividades de la vida diaria, juego o ambiente escolar.

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