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Por qué las emociones son importantes en el aprendizaje


Los maestros saben intuitivamente que el proceso de aprendizaje sus estudiantes no es constante, de un día a otro o de un tema a otro. Más bien, tenemos nuestros malos y buenos días; momentos de emoción, inspiración e interés; momentos de frustración, desinterés y desilusión; las tardes justo antes de irse de vacaciones o la mañana justo después de llegar de ellas; algunas habilidades y temas que encontramos interesantes y otros que no. Estas diferencias influencian en el cómo los niños aprenden y los profesores enseñan; incluso afectan lo que los estudiantes saben en determinado momento sobre cierto tema. En resumen, el aprendizaje es dinámico, social, y dependiente del contexto porque las emociones también lo son, y las emociones son pieza vital en cómo, qué, cuándo y por qué la gente piensa, recuerda y aprende.

La primera vez que considere lo fundamental del rol de las emociones en el aprendizaje fue durante mi primer cargo profesional luego de graduarme, siendo profesora de ciencias de bachiderato, en una escuela pública muy diversa cerca de Boston. En la comunidad donde vivía residían muchos americanos de primera generación, 81 lenguajes se hablaban en nuestra escuela de 1800 estudiantes de bajos recursos. A pesar de que enseñaba una materia técnica, estaba intrigada por el hecho de que las respuestas de mis estudiantes estaban conectadas con sus amistades, gustos estéticos, situaciones en el hogar y valores culturales. Estaba fascinada pero poco preparada, por ejemplo, cuando la relación racial entre mis estudiantes de séptimo cambiaron (y mejoraron) dramáticamente luego de que impartí una lección sobre la evolución homínida que diseñé con un conocido profesor universitario. La nueva comprensión científica de mis estudiantes sobre la selección natural por rasgos adaptativos como la piel oscura o clara, parecían influir poderosamente en sus relaciones de pares y en sus propias identidades étnicas.

¿Por qué los estudiantes interpretaron la ciencia en una forma tan personal y emocional? ¿Y por qué, luego de que la conmoción en el salón pasó, muchos tomaron un interés repentino en la ciencia? Trasladé estás preguntas a mi proceso de especialización profesional, y en mis investigaciones aún busco una respuesta satisfactoria y completa a ellas.

El entendimiento de la influencia de las emociones en el pensamiento y el aprendizaje en mis investigaciones ha sufrido una transformación radical en los últimos años. Particularmente, una revolución en la neurociencia en las últimas décadas ha eliminado la percepción de que las emociones interfieren con el aprendizaje, descubriendo por el contrario que las emociones y la cognición tienen soporte en procesos neurológicos interdependientes. Es literalmente imposible neurobiológicamente construir recuerdos, involucrar pensamientos complejos, o tomar decisiones importantes sin las emociones. Después de todo esto tiene sentido: el cerebro está formado por tejido tejidos altamente caros desde el punto de vista metabólico, y la evolución no permitiría desperdiciar energía y oxígeno pensando en cosas que no nos importan. Puesto sucintamente, solo pensamos en cosas que nos interesan. Por supuesto mis estudiantes de séptimo año tomaron la lección tan personal y seriamente. Descubrieron que la ciencia podía ayudarlos a encontrar significado relevante a la diversidad racial y étnica, y problemas de identidad que caracterizaban su día a día.

Ésta visión tiene importantes implicaciones para la educación y la pedagogía. Nos hace preguntar sobre cómo, cuándo y por qué los estudiantes aprenden de verdad o solo repiten hechos, despliegan procedimientos y algoritmos o ni siquiera manejan estas acciones.

También nos hace cuestionar cómo la tecnología, la cultura, y las relaciones sociales definen el aprendizaje y cómo los maestros pueden comprender y sacar provecho de las emociones de una manera más productiva en los salones de clase. Sugiere que, para tener la esperanza motivar estudiantes en la educación escolar, producir una comprensión profunda de los temas, o transferir a habilidades para el mundo real, todos estos factores hitos de una aprendizaje real y esencial para formar adultos informados, habilidosos, éticos y reflexivos, tenemos que encontrar maneras de sacar provecho de los aspectos emocionales del aprendizaje en la educación.

Para lograr sacar provecho de las emociones ayuda entender qué son en realidad. Las emociones, y nuestros impulsos más primitivos subyacentes, como el hambre y el sexo, son programas de acción que han evolucionado como extensión de mecanismos de supervivencia. Puesto de una manera sencilla, las emociones han evolucionado para mantenernos vivos. Los seres humanos tenemos emociones básicas, como el miedo o el asco, para mantenernos alejados de abismos o para rechazar comida dañada. Tenemos emociones sociales como el amor para hacernos afiliados, procrear y preocupados por nuestros hijos. Gracias a nuestro cerebro podemos también desarrollar emociones que dan color y dirigen nuestros esfuerzos intelectuales y sociales, como la curiosidad que nos hace explorar y descubrir, la admiración que nos hace emular las virtudes de otros y la compasión, la indignación, el interés y “fluir” (Csíkszentmihályi, Pensamiento Lateral, 1990)

Estas complejas emociones intelectuales y sociales son las reacciones subjetivas de comportamiento y mentales que tenemos a las situaciones y conceptos de todo tipo, reacciones que se desarrollan en el cuerpo (por ejemplo, a través de un corazón acelerado) y en la mente a través de modos de pensar característicos (por ejemplo, buscando una ruta de escape durante el miedo, moviéndose para ayudar a otra persona durante la compasión, o estrechando nuestro enfoque de atención cuando encontramos algo interesante). El sentir estas emociones organiza nuestra sociabilidad y moralidad, haciendo que emulemos modelos de conducta, ayudemos a los necesitados, o castiguemos a quienes lo merezcan. Constituye la base para la creatividad y la invención y para las decisiones que tomamos para el presente y para el futuro, incluso en el contexto académico. Por ejemplo, el acto de dedicar la vida profesional a la enseñanza sólo es posible debido a nuestra capacidad de sentir estas emociones.

Entonces, las emociones evolucionaron y están presentes en todas las criaturas complejas porque son esenciales para la gestión de la vida. En los seres humanos, la gestión eficaz de la vida significa gestionar no sólo nuestra supervivencia física sino nuestra vida social e intelectual. Pero ¿dónde entra la neurobiología? Entre las nociones más conmovedoras y básicas de la neurociencia afectiva, la neurociencia de la emoción, se plantea que las emociones que regulan nuestras vidas socioculturales e intelectuales parecen haber cooptado los mismos sistemas neuronales que manejan nuestra supervivencia en el sentido biológico básico. Tal como los poetas y artistas han sospechado por milenios, sentimos las relaciones sociales y apreciamos logros intelectuales usando los mismos sistemas del cerebro que dan sentido y regulan nuestras entrañas y vísceras, ajustan nuestra química de la sangre y hormonas, y conjuran nuestro sentido de ser y nuestra conciencia. No es de extrañar que nuestras creaciones, ideales culturales y relaciones personales, incluyendo aquellos en contextos educativos, tengan un poder psicológico tan sorprendente.

Los sentimientos emocionales complejos, como el interés, la inspiración, la indignación y la compasión, son construcciones mentales activas, no pertenecen al contexto físico real (el contexto inmediato que podemos ver) sino a inferencias abstractas, interpretaciones e ideas. Pertenecen, en otras palabras, a lo que pensamos que sabemos sobre el mundo en el momento actual, interpretado a la luz de nuestras experiencias pasadas y nuestros posibles futuros imaginados, utilizando nuestras habilidades disponibles. Cuando digo que muchas emociones son "complejas", lo que realmente quiero decir es que se basan en las interpretaciones subjetivas y cognitivas de las situaciones y en las reacciones que las acompañan.

Incluso entre materias académicas que tradicionalmente se consideran poco emocionales, como la física, ingeniería o matemáticas, la comprensión profunda depende de hacer conexiones emocionales entre conceptos. Por ejemplo, un estudio que utiliza la resonancia magnética funcional encontró que cuando los matemáticos ven ecuaciones que consideran "hermosas" y elegantemente formuladas en lugar de "feas" y torpemente formuladas, activan la misma región del cerebro sensorial y emocional que se activa durante las experiencias de percepción de belleza, como cuando admira una pintura (Zeki, Romaya, Benincasa, & Atiyah, 2014). En el Instituto de Cerebro y Creatividad de la Universidad del Sur de California, hemos encontrado que esta región también se activa durante las experiencias de belleza moral, como las asociadas con sentimientos de admiración y compasión (Immordino-Yang, McColl, Damasio y Damasio, 2009). Esta y otras evidencias sugieren que el aprendizaje significativo es realmente acerca de ayudar a los estudiantes a conectar sus habilidades algorítmicas aisladas a experiencias abstractas, intrínsecamente emocionales, subjetivas y significativas. Aunque apoyar a los estudiantes en la construcción de estas conexiones es un trabajo muy duro, parece ser esencial para el desarrollo de un aprendizaje verdaderamente útil, transferible, e intrínsecamente motivado.

Además, las emociones, como la cognición, se desarrollan con madurez y experiencia. En este sentido, las emociones son patrones de pensamientos y comportamientos organizados por las habilidades que construimos activamente en el momento y a lo largo de nuestra vida para acomodarnos de manera adaptable a diversos tipos de circunstancias, incluidas las demandas académicas. Las emociones de un niño en edad preescolar no son las mismas que las de un niño de quinto grado, un adolescente, o un joven o un adulto mayor. Las emociones de un nuevo maestro no son las mismas que las de un profesor veterano. E incluso dos personas en la misma etapa de desarrollo podrían construir diferentes reacciones a la misma situación, a veces sustancialmente. ¿Por qué?

Las razones derivan de los orígenes de las emociones y su relación con la supervivencia, y de la conexión con la importancia de la emoción en el aprendizaje. Primero, las emociones implican reacciones automáticas mentales y corporales a situaciones, y algunas personas, grupos culturales y grupos de edad son más reactivos, o reactivos de manera diferente que otros. Por ejemplo, algunos individuos saltan cuando son sorprendidos, mientras que otros permanecen mucho más tranquilos.

Estas tendencias también pueden ser influenciadas por la cultura; por ejemplo, en muchas culturas asiáticas las personas se esfuerzan por reprimir sus manifestaciones emocionales externas, mientras que en muchas culturas latinas y mediterráneas se valora la expresividad emocional.

Estos pensamientos que difieren sobre la emoción influyen en el comportamiento emocional de los individuos, incluyendo la expresión o la supresión. A su vez, nuestro trabajo sugiere que al cambiar la magnitud de las reacciones corporales, las diferencias culturales e individuales en la expresividad emocional pueden afectar como las emociones "se sienten"; cómo los individuos saben cómo se sienten o la calidad subjetiva de sus sentimientos.

En segundo lugar, la gente aprende a través de la experiencia cómo interpretar situaciones, así como cómo dar sentido a sus reacciones emocionales. Las interpretaciones e inferencias cargadas de emoción de los estudiantes y profesores, aunque a menudo implícitas o subconscientes, forman una dimensión central de cómo aprenden. Las inferencias subjetivas que los individuos hacen, y sus experiencias de resolución de problemas dentro de un dominio académico, impregnan sus recuerdos y conocimientos con relevancia emocional. En el caso descrito anteriormente, fue la experiencia subjetiva de los matemáticos de como pensar y resolver problemas dentro del dominio matemático que les permitió apreciar ciertas ecuaciones como "hermosas".

Sus reacciones emocionales sólo eran posibles con un nivel avanzado de experiencia técnica. Como podemos ver, entender el papel de las emociones en el aprendizaje va mucho más allá de reconocer la emoción que un estudiante está teniendo sobre una situación para diseñar ambientes de aprendizaje que manipulen estratégicamente las reacciones de los estudiantes.

Por ejemplo, dar dulces para hacer que los niños quieran venir a clase de matemáticas no hará que los estudiantes sientan la alegría del pensamiento matemático. En cambio, comprender las emociones es también (y quizás aún más crítico) sobre el significado que los estudiantes generan; esto es, la manera en que los estudiantes y profesores experimentan o sienten sus reacciones emocionales y cómo sus sentimientos orientan sus pensamientos y comportamiento, conscientemente o no. Las emociones no son complementos distanciados de las habilidades cognitivas. De hecho, las emociones, como el interés, la ansiedad, la frustración, la emoción o un sentimiento de asombro al contemplar la belleza, se convierten en una dimensión de la habilidad misma. Esta es una razón por la que la ansiedad puede ser tan negativa para el rendimiento de los estudiantes, que el interés puede precipitar un compromiso de toda la vida al estudio de un tema, o porque los niños tienen problemas para aplicarse cuando no saben por qué razón utilizarán una habilidad fuera del salón, y que ofrecer a los niños dulces hará que les guste venir a clase, pero no les ayudará a aprender a apreciar el pensamiento matemático.

Fuente:

Artículo extraído del libro Emotions, Learning, and the Brain: Exploring the Educational Implications of Affective Neuroscience, escrito por Mary Helen Immordino-Yang, Profesora de la Universidad del Sur de California.

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