• Amelia Carrasquero

Los Niños y la Comunicación (I)


Aunque no es capaz de articular palabras, un bebé tiene necesidades de comunicación que satisface, en los primeros meses, a través de la mirada, el llanto, la risa y los gestos. Pero a veces, este proceso puede verse interferido.

En ALDECA trabajamos con un calificado equipo de profesionales que dirigen sus esfuerzos en detectar y corregir esos casos en los que el proceso de comunicación se ve interferido.

Una mirada atenta al incipiente proceso comunicativo de un bebé, especialmente en sus primeros doce meses de vida, permite detectar posibles fallas que, corregidas a tiempo, garantizan un futuro de relaciones sociales sanas y eficientes.

Para explicar qué esperar de un bebé desde el punto de vista del lenguaje y cómo enfrentar cualquier indicio de problemas en esta área, debemos hablar un poco de la teoría de la comunicación y lenguaje.

Introducción

El estudio de la evolución del lenguaje ha experimentado notables cambios en los últimos años. Hasta la década de los 60 predominó una descripción tratando de establecer las edades a las que se producían los primeros hitos.

A partir de ese momento, la figura del lingüista Noam Chomsky delimita un cambio sustancial, marca la principal diferencia entre los hombres y los animales y la establece en el lenguaje. Llega a la conclusión que la capacidad de hablar del ser humano está genéticamente determinada y es un proceso de desarrollo de facultades innatas. En los años 70, se complementó su trabajo con los aportes de Jean Piaget quien determina que para que un niño aprenda hablar es necesario una capacidad cognitiva general y determinante el uso de símbolos.

Entendemos por lenguaje la capacidad que tienen los hombres para expresar su pensamiento y comunicarse por medio de un sistema de signos vocales y ocasionalmente gráficos. Su proceso de desarrollo se divide en dos grandes etapas: la etapa pre-verbal y la verbal.

Etapa Pre-Verbal

Durante el primer año de edad, el niño desarrolla un lenguaje propio de señales y gestos, sin palabras todavía articuladas, que cubren su necesidad de comunicarse y satisfacen sus solicitudes más básicas.

Esta etapa, a la cual se le conoce como pre-verbal, es de importancia vital en el proceso comunicativo, pues en él se sentarán las bases para el desarrollo de esta área y es cuando puede detectarse -a tiempo- cualquier falla.

Durante esta fase, el lenguaje pasa por tres períodos muy bien diferenciados que los padres deben conocer:

La comunicación refleja:

Se da desde que el bebé nace hasta los tres meses. Durante este período, el recién nacido interactúa con los demás de una manera totalmente inconsciente y refleja, gracias a un mecanismo innato con el cual todos nacemos. “El bebé se comunica con los demás y acepta a la gente, pero no está consciente de ello”.

Durante este período de comunicación refleja (de 0 a 3 meses), el bebé debe ser capaz de comunicarse a través del llanto, el movimiento del cuerpo y la sonrisa. “Lo normal es que produzca ciertos sonidos vocales y guturales para demostrar satisfacción o incomodidad. Además, durante la toma del pecho o tetero, ya debe hacer contacto visual”.

La comunicación pre-intencional:

Es el segundo período de la etapa pre-verbal, que va desde los tres hasta los ocho meses de edad. “En esta etapa, el bebé no tiene conciencia de que quienes lo rodean van a satisfacer sus necesidades, pero lo toma en cuenta. Ya tiene idea de que su conducta afecta a los demás”.

Ya en este período de comunicación pre-intencional (de 3 a 8 meses) comienza a verse una evolución clara de la interacción y se incorporan conductas determinantes para el futuro desarrollo comunicativo. En este período comienza a darse la toma de turnos en la interacción (el bebé es capaz de esperar mientras el otro responde) y la atención compartida (alterna el contacto visual con un adulto, objeto o situación dada). Además, ya es capaz de relacionar personas con situaciones y eventos, comprende órdenes con ademanes, identifica su nombre y asocia sonidos que son significativos en su propio mundo. Hace sonidos más precisos, inicia el balbuceo y comienza a imitar vocales.

La comunicación intencional:

Se da desde los ocho meses hasta el primer año de edad, y es cuando el niño toma plena conciencia de que su actitud afecta a los demás y viceversa. “Es entonces cuando normalmente aparece la palabra”.

Finalmente, ya en este período intencional (de 8 meses a un año), el niño se comunica intencionalmente utilizando estrategias más convencionales, a través de gestos y, ya cerca del año, palabras. “En esta etapa, el niño es capaz de pedir, ofrecer, negar, protestar, llamar y solicitar acción. Además, hace evidente que espera una respuesta de su interlocutor, impone su voluntad y muestra satisfacción cuando logra un objetivo”.

Etapa Verbal

La etapa verbal es aquella donde el niño ya tiene conciencia de que su conducta afecta a los demás, donde ya no solo realiza emisiones fónicas sino que empezará a expresarse verbalmente a través de palabras y frases con contenido semántico y sintáctico y cargado de un propósito de comunicación.

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